Auxiliar de Lenguas

Reflexiones sobre aprendizaje de lenguas extranjeras desde una perspectiva personal

Hace tiempo, en mi antiguo blog, compartí una entrada en la que explicaba las razones por las que iba a dejar de aprender nuevas lenguas a medio plazo. Básicamente, se puede resumir en que veía necesario enfocarme bien en las que estudiaba por aquel entonces. Unos días después, un señor me dejó un comentario en la entrada expresándome su desacuerdo conmigo. En su opinión, había que continuar aprendiendo nuevas lenguas durante toda nuestra vida, por lo que no deberíamos de establecer ningún tipo de límite.

 

Aunque estoy completamente a favor de la educación y el aprendizaje continuos, su comentario me hizo reafirmarme en cómo el establecer límites sobre mi manera de estudiar lenguas me había ayudado a formar mi propia visión sobre el aprendizaje en general. Hoy, unos cuantos años después, he querido volver a repasar todo eso que escribí desde un nuevo punto de vista: el de que considero necesario establecer límites en el aprendizaje de lenguas extranjeras si verdaderamente queremos considerarnos responsables sobre él. Por cierto: el concepto de establecer límites en el aprendizaje es algo total y enteramente de mi cosecha, y esto no lo digo para hacerme la interesante, sino por si te entra curiosidad sobre el tema, intentas buscarlo en internet y ves que no encuentras otras fuentes que hablen sobre esto. Y si las encuentras, por favor, escríbeme, porque significaría que hay alguien ahí fuera que piensa igual que yo sobre esto y siempre es interesante conocer a gente así.

 

Antes de nada, quiero advertir de que cuando hablo de establecer límites no me refiero a desarrollar la percepción de que no servimos para aprender algo, sino al hecho de delimitar lo que queremos aprender como estrategia de aprendizaje más consciente.

 

Siempre he pensado que el ser humano tiene un rechazo natural a cualquier tipo de limitación. No nos gusta pensar en que algo pueda tener un final, por mucho que sepamos que exista. El tiempo, por ejemplo, tiene fin: es limitado. De hecho, en gestión del tiempo y productividad se parte de la base de que, como el tiempo es limitado, es necesario establecer límites (priorizar) para poder cumplir con lo que es más importante en cada momento. En otras palabras: no tienes todo el tiempo del mundo para hacerlo todo así que es necesario saber elegir. Aunque no nos guste reconocerlo, no podemos hacerlo todo.

 

Valorar que nuestro tiempo es finito nos invita a tomar el control de nuestras acciones. Nos obliga a priorizar, a elegir. Y esto también se puede extrapolar al aprendizaje. Para mí, el límite de mi aprendizaje de lenguas es el lugar donde estoy dispuesta a llegar con él, el momento en el que he considerado que he llegado al final del estudio en mi caso particular y que no me apetece continuar porque prefiero dedicar el resto de mi tiempo y energía al aprendizaje de otras lenguas, a otros temas que me atraen estudiar o simplemente, a otras cosas que quiero hacer.

 

Lo diferencio de un objetivo porque, mientras que el objetivo es el lugar al que quiero llegar, el límite es el lugar donde estoy dispuesta a llegar. Para mí, esta es la verdadera clave: un objetivo es un lugar al que quiero llegar porque yo misma lo he establecido como mi meta, como mi lugar deseable, y voy a poner todo mi empeño en alcanzarlo. Un límite es un lugar a partir del cual no estoy dispuesta a continuar porque, sinceramente, ni necesito hacerlo ni me apetece llegar más allá, (y por eso, un límite a menudo puede corresponderse con lo que otros nos imponen). En el caso del francés, yo lo tengo bastante claro: mi límite está en aprobar el examen DALF C1. En ese momento, dejaré de aprender francés, al menos activamente.

 

A lo mejor te resulta curioso leer que alguien que afirma promover el aprendizaje de lenguas extranjeras ande no solo estableciendo límites sobre su propio aprendizaje sino también animando a los demás a que lo hagan. Precisamente, el hecho de haber tomado el aprendizaje como mi propia responsabilidad es lo que me ha llevado al paso natural de buscar delimitarlo teniendo en cuenta mis propias necesidades y preferencias. Además, que no seas tú quien establezca límites en tu propio aprendizaje no significa que otros no puedan hacerlo por ti. Como he mencionado arriba, de hecho, los límites suelen estar establecidos por otros: tu jefe te puede decir que tienes que saber un mínimo de una lengua para trabajar, tu universidad te puede pedir un cierto nivel de lengua extranjera para ingresar. Por eso, para evitar que sean otros quienes decidan por ti, te invito a que seas tú quien reflexione sobre ello, quien se responsabilice de buscar sus propios límites y los de su aprendizaje.

 

El tiempo del que disponemos es limitado. Como tal, es necesario cuestionar lo que hacemos frecuentemente y preguntarnos si la forma en la que lo usamos es la mejor, siempre según nuestras propias preferencias y perspectivas. Por supuesto, esta visión también podemos extrapolarla al aprendizaje de lenguas extranjeras. Decidir hasta dónde estoy dispuesta a llegar en mi propio aprendizaje no solo me ha ayudado a ser más productiva en el estudio, puesto que me ha hecho consciente de mis propios límites (ya sean de tiempo, dinero o interés), sino que también me ha servido para dar al aprendizaje una perspectiva mucho más consciente y responsable, en la que yo soy la que decido hasta dónde quiero llegar, qué nivel quiero alcanzar. Al fin y al cabo, si no eres tú quien piensa sobre ello, ya lo hará otra persona. Aunque, seamos realistas: si estás leyendo esto es porque crees que hay otra forma de aprender lenguas extranjeras, en concreto, una más consciente contigo mismo como individuo.

 

Establecer un límite o tope para el aprendizaje de la lengua extranjera que estudiamos no debería de hacernos sentir menos capaces o competentes. Más allá de lo que otras personas puedan llegar a pensar, el simple hecho de cuestionarnos cómo aprendemos, cómo vemos el aprendizaje, el estudio y el conocimiento ya va a servir para que descubramos más sobre nosotros mismos. Y, como con muchísimas otras cosas en la vida, aquí no hay respuestas válidas o no válidas, de listos o de menos listos: simplemente, una que se ajusta más a ti y a tu forma de ser, y que solo puedes decidir y establecer tú.